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Conflictos en vacaciones: cuando el verano pone a prueba el vínculo con nuestros hijos adolescentes

[mostrar_video]Conflictos en vacaciones: cuando el verano pone a prueba el vínculo con nuestros hijos adolescentes
El verano puede venir acompañado de una idea instalada: más descanso, menos conflictos. Pero si tenés un hijo o hija adolescente, probablemente ya sepas que no siempre es así. Y esto es por muchos motivos, cambian las rutinas, se estiran los horarios, aparecen más salidas, más tiempo en casa y por ende también más roces. No porque algo esté fallando, sino porque las vacaciones ponen a prueba la convivencia y la manera en que nos comunicamos diariamente.
La buena noticia es que muchos de estos conflictos son previsibles, se pueden anticipar y, justamente por eso, son trabajables.
Durante el año, la escuela y las actividades ordenan el día a día. En vacaciones ese orden se diluye y surgen nuevas tensiones, como se informó. Entonces aparece más tiempo compartido, menos estructura, más decisiones por negociar y una demanda de más necesidad de autonomía del adolescente.
Todo esto para los padres, esto suele generar ansiedad con pensamientos como ¿a qué hora vuelve?, ¿todo el día con el celular?, ¿no hace nada?. Y los adolescentes, en cambio, al verano suele vivirlo como un tiempo de mayor libertad, y ahí aparecen los choques.
Entre los principales desafíos podemos ver:
• Los horarios: Mientras los padres necesitan límites claros para sentirse tranquilos, los adolescentes quieren volver más tarde y levantarse más tarde.
• El estar todo el día con el celular: En vacaciones, el uso de pantallas suele aumentar y eso genera muchas discusiones. Para los padres, el celular se vive como desconexión. Para los adolescentes, como forma de vínculo con sus pares.
• El clásico “no hace nada en todo el día”: Este conflicto aparece mucho cuando el adolescente parece “desordenado”, duerme hasta tarde o no cumple con expectativas del adulto.
• Por último aparecer más discusiones y más gritos: Más tiempo juntos también implica más roces. A veces el conflicto no es el tema puntual, sino el cansancio acumulado.
Ahora bien, veamos que acciones suelen empeorar el conflicto
• imponer sin diálogo
• cambiar las reglas de un día para el otro
• discutir en caliente, de noche
• prohibiciones abruptas
• descalificar (“no haces nada útil”)
• comparar con otros chicos
• etiquetar (“vago”, “desganado”)
Frente a esto, si tenemos opciones que pueden ayudar a resolver las situaciones conflictivas que se puedan presentar:
• Hablar de día, con calma, y transformar la orden en un acuerdo. Los acuerdos claros, revisables y hablados antes del conflicto suelen funcionar mucho mejor que las órdenes dichas en medio del enojo.
• Diferenciar uso de abuso, y acordar momentos, por ejemplo con las pantallas.
• En lugar de imponer actividades, se puede acordar responsabilidades mínimas, tales como: tareas en la casa, actividades acordadas y compromisos claros
Cuando el adolescente participa en la definición, suele haber más cumplimiento.
Si las discusiones son constantes, hay mucho aislamiento, agresividad o vos sentís que ya no sabes cómo manejar la situación, pedir ayuda es una forma de cuidado.
A veces hace falta alguien de afuera que ayude a ordenar lo que adentro ya está muy cargado. Eso, incluso en vacaciones, también es cuidar.
Lic Facundo Torres.
MP: 95084
www.recursosterapeuticosnorte.

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